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Blog del IV Congreso de Escritores
Gaston_Gallimard_y_Marguerite_Duras
10
May

El autor/emprendedor o la chica para todo del nuevo paisaje editorial

Hubo un tiempo en el que el escritor escribía, el editor editaba, el distribuidor distribuía… La tareas estaban claramente diferenciadas: uno creaba la obra literaria, otro la transformaba en libro, otro la hacía llegar al mercado… ¿Recordáis esa época? Bueno, lo cierto es que para algunos todo sigue siendo igual. Pero para muchos otros, el proceso ha pasado a ser un “one man show” en el que los escritores escribimos, editamos, publicamos, promocionamos, distribuimos…

Autor-Editor«La obra pertenece al escritor, el libro a su lector». En una simple frase, Sabrina Grimaldi, fundadora de Publishroom, editorial francesa especializada en la autoedición, pone en evidencia la dificultad a la que se enfrenta el «escritor/emprendedor» –bonito eufemismo para definir esta especie de «chica para todo» en la que nos vemos convertidos– y que consiste en transformar su propia obra de escritura en un objeto de lectura. Si la escritura es una tarea solitaria e introspectiva en la que el creador desarrolla una relación íntima con su obra, la edición exige una mirada crítica de lo escrito; la publicación y la distribución, un trabajo orientado hacia ese futuro lector que, si todo sale como esperamos, se apropiará el libro.

Autoeditado o no, el escritor es escritor antes que nada. Hasta el momento en que termina su manuscrito, nada distingue al autor que será publicado por una editorial tradicional del que se autopublicará. De hecho, la mayoría de los escritores noveles comenzamos por enviar nuestro manuscrito terminado a editoriales y/o agentes. La diferencia comienza a partir del momento en que siendo rechazado o ignorado, uno decidirá meter su obra en un cajón, y el otro tratará de autopublicarla, «emprendiendo» así una aventura que no había imaginado cuando se sentó a escribir, y para la cual, en la mayoría de los casos, no estaba preparado.

El escritor/emprendedor invierte grandes cantidades de motivación, energía, tiempo y recursos económicos en la auto-edición de su obra. Así como la dedicación y la energía son condiciones sine qua non para conseguirlo, el tiempo y los recursos que invierte en el proceso varían y pueden ser inversamente proporcionales —cuanto más recursos consagre a subcontratar ciertas labores a profesionales, menos tiempo dedicará a ejecutarlas personalmente—. De todos modos, el escritor/emprendedor es ante todo el jefe de proyecto del libro en que se convertirá su obra.

Tanto si contamos con una experiencia profesional previa relacionada con lo que exige esta misión como si no, todos deberemos aprender a desempeñar funciones que hasta ahora habían sido realizadas por diferentes profesionales competentes. Los que hayan trabajado en un editorial conocerán de antemano el proceso de publicación, o los que vengamos del marketing entenderemos mejor las cuestiones relativas a la imagen de marca,  pero casi ninguno dominará a la primera la totalidad de las tareas que la auto-publicación conlleva.

Si la publicación por cuenta del autor no es nueva –Marcel Proust, Edgar Allan Poe, Virginia Wolf o Mark Twain, por citar sólo algunos ejemplos célebres–, son las nuevas tecnologías las que están permitiendo que la autoedición se convierta en una práctica generalizada y al alcance de todos. Son opciones como la impresión digital, el libro electrónico, Internet o las redes sociales las que, en gran medida, están transformando el universo editorial. La capacidad de adaptación de cada uno de los actores que tradicionalmente intervenían en el proceso está siendo puesta a dura prueba en un paisaje donde los roles ya no están tan claramente diferenciados. Algunos ven en esta nueva realidad una amenaza a la que tal vez no sobrevivan. Pero los escritores noveles deberíamos recibir el cambio con optimismo y considerar la autopublicación como una oportunidad para la que nuestra naturaleza misma de emprendedores nos prepara particularmente bien. Al fin y al cabo, ¿cuántos de entre nosotros no habríamos podido salir a la luz hace unas décadas?

© Amelia DE DIOS, 2016

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